domingo, 27 de enero de 2013

Así


Escribías para olvidar, olvidando que cada punto y aparte no era un reset. Además, releías, y los viejos recuerdos se convertían en presentes que no podías cambiar con un ticket de compra.
En eso consistía tu labor nocturna: echar por tierra el trabajo de evasión que realizaba tu cabeza durante el día, pisando tierra firme con tus manos y un papel (por la noche). Dejaste de arrancar páginas porque hasta el ruido que producía la hoja al romperse evocaba recuerdos. No querías ni siquiera desaparecer porque entendías de vacíos, de ausencias, y podías ponerle nombre y banda sonora a cada una de ellas.

Tú, que tenías tan poca memoria y tan poco oído para la música.