sábado, 29 de junio de 2013

Marinaleda, el pueblo que escuchó a Blas Infante

Marinaleda ha dejado de ser un nombre desconocido para colarse en los hogares de los españoles a través del televisor, la radio o la prensa escrita. Más allá del conflicto mediático que envuelve a la figura de Juan Manuel Sánchez Gordillo, se esconde un municipio cuyo modelo político y económico cumple más de 30 años y  doblega con éxito la crisis del sistema capitalista.

Las letras verdes del supermercado Mercadona pueden vislumbrarse desde el principio de la calle. Con su peculiar dibujo a la izquierda, representando una cesta de la compra repleta de productos básicos, y su lema a la derecha: “supermercados de confianza”, esta imagen ha pasado a formar parte ya de la cotidianidad de cualquier ciudadano residente en nuestro país, consecuencia de los 1.356 establecimientos de la cadena diseminados a lo largo y ancho del Estado español, con la excepción de País Vasco.
 Sin embargo, la mañana del 7 de agosto del 2012, las verdes letras de esta empresa familiar –la segunda más grande en España según Family Business Magazine- fueron portada de diversos diarios y abrieron informativos por un motivo muy distinto a su popularidad o al aumento de sus beneficios. La imagen de Diego Cañamero -secretario general del Sindicato Andaluz de Trabajadores- entrando en el Mercadona de Écija acompañado de distintos sindicalistas liderados por Juan Manuel Sánchez Gordillo -alcalde de Marinaleda- se convirtió en la imagen del día. Su objetivo no era más que, sin pasar por caja, salir del supermercado con varios carritos de la compra repletos de comida que posteriormente sería repartida entre las tan numerosas familias necesitadas de la ciudad sevillana.
Ante este hecho, los medios de comunicación se posicionarían de forma dispar, siendo más frecuente la condena de la acción porque, según defendían los más conservadores, “un robo es un robo”. Sin embargo, a pesar de las críticas recibidas, el propósito de los asaltantes había sido más que alcanzado; esa mañana de agosto el hambre había entrado en el debate de la opinión hegemónica. No hace falta más que introducir las palabras Sánchez Gordillo en cualquier buscador de un medio de comunicación digital para darse cuenta de que los resultados en 2012 se llegan a cuadruplicar respecto a años anteriores. No era por tanto el hambre lo único que entraba en debate. ¿Quién era ese señor de barba que asaltaba un Mercadona y hablaba de justicia social? ¿Qué era Marinaleda?
En la primavera de este mismo año el director general de Mercadona, Juan Roig, alentaba, no sin controversia, a “imitar la cultura del esfuerzo con la que trabajan los chinos”. Ese mismo verano obtenía la respuesta.

El salto del conflicto a los medios de comunicación

El asalto al Mercadona terminó por convertirse en un tema de rigor en cualquier debate televisivo. Comenzaba a hacerse frecuente el rostro de Sánchez Gordillo en los platós de una y otra cadena defendiendo la legitimidad de la acción y aprovechando también para poner en tela de juicio el sistema económico que le había llevado a ejercer de Robin Hood. El rostro del alcalde de Marinaleda llegó a ser portada del diario dirigido por Paco Marhuenda, La Razón, con un «No se busca» como titular y la explicación en el subtítulo del temor de los comerciantes ante la llegada de Gordillo y sus hombres a sus establecimientos, además de la injusticia que suponía que el líder comunista se paseara tranquilamente por la calle después de tal atroz delito. Esto fue comparado por el mismo Sánchez Gordillo con una portada del diario ABC de 1979, en la que su cara ocupaba gran parte de la misma, y se calificaba de “grotesco” que se hubiera atrevido a cambiar el nombre de las calles de Marinaleda que hacían referencia al régimen franquista.
Aquella portada de la transición se saldó con un intento de asesinato por parte de un militante de Fuerza Nueva cuando el alcalde marinaleño viajaba en coche con algunos de sus compañeros. Sin embargo no hace falta ir tan lejos, puesto que días después del asalto al Mercadona la prensa se hacía eco de la denuncia de Sánchez Gordillo por una amenaza de muerte recibida telefónicamente al Ayuntamiento. La historia volvía a repetirse.
No eran solamente los medios de comunicación españoles quienes dedicaban tiempo y espacio a lo ocurrido aquella mañana de agosto, sino que la relevancia del hecho a escala internacional fue bastante notoria. El prestigioso diario de negocios, Financial Times, dedicaba un artículo al alcalde en el que se recalcaba su intención de renunciar a su condición de aforado y su inexistente miedo al encarcelamiento. Por su parte, la revista Times relacionaba las acciones del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) con las de los indignados. El tabloide británico Daily Mail dotaba de cierta importancia a las declaraciones del portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, Alfonso Alonso: "No se puede ser Robin Hood y el 'sheriff' de Nottingham"
 No faltaron, sin embargo, intentos de lucro por parte de empresas multinacionales. La cadena sueca de tiendas de ropa, H&M, aprovechaba el tirón mediático de lo ocurrido para lanzar una camiseta con el mensaje Food to the people. No World hunger (Comida para la gente. No a un mundo hambriento) a 20 euros la unidad. Finalmente esta iniciativa fue retirada para “no herir a nadie”, según afirmó Karin Hagman, director creativo de Weekly.
Sin embargo, tras la mediatización de este rostro, de su peculiar forma de vestir –palestina incluida-  y de su natural forma de expresarse, se escondía mucho más que un simple intento de paliar las necesidades básicas de algunos sevillanos a base de carritos de la compra. Las visiones reduccionistas pudieron quedarse ancladas ahí, pero donde muchos veían el liderazgo de un hombre, otros podían ver al pueblo sosteniéndole y caminando junto a él. Un pueblo sin el que la historia de la no tan utópica Marinaleda comunista no habría sido posible.

Marinaleda, una utopía hacia la paz

Perteneciente a la comarca Sierra Sur, en la Cuenca del Genil y con 2.778 habitantes según el censo del año 2011, este municipio cuenta con la peculiaridad –entre otras- de no presumir de ningún retrato del rey don Juan Carlos en el despacho del alcalde: es el rostro de Ernesto Guevara el que verá cualquier persona que necesite una cita con Juan Manuel Sánchez Gordillo. Las calles de este municipio fueron modificadas cuando el actual alcalde llegó al poder, en 1979, y hacen honor a políticos y literatos relacionados con la causa social y obrera, como Miguel Hernández o Antonio Machado.
En el escudo de Marinaleda se puede ver reflejada la teoría y la práctica de sus habitantes explicada en la propia web del Ayuntamiento: por una parte, la ausencia de corona, dada su condición de republicanos, y por el otro, el simbolismo de los colores. El verde quiere reflejar la utopía situada cerca de una realidad tangible. El color blanco central hace referencia a la paz, no vista solo como la ausencia de la violencia, sino también como la práctica de la justicia. El rojo refleja el espíritu de lucha de la izquierda revolucionaria. Pero si hay algo digno de análisis en Marinaleda, más allá de puros aspectos de forma como puede ser un escudo o el nombre de una calle, es su modelo político y económico.
El punto de inflexión en Marinaleda fue 1979, fecha de las primeras elecciones democráticas autonómicas. Anteriormente, la miseria y las penurias vividas por los marinaleños no eran distintas de las sufridas por cualquier otro andaluz. Según el testimonio de una niña de 5º de EGB por aquel entonces: No había casas, solo había chozas. El pueblo era muy pequeño y no tenía jardín, ni plaza. La gente pasaba mucha hambre debido a los malos años de la sequía. La gente joven no tenía ninguna diversión, nada más que irse a trabajar a los cortijos y solamente iban a vestirse a sus casas cada quince días. Las comidas eran muy malas,  y lo que comían por mediodía eran un gazpacho y por la noche un cocido. En el pueblo solo había una escuela a la que casi nadie podía ir, los jóvenes tenían que quedarse con sus hermanos pequeños para que sus padres trabajaran. Y otros tenían que trabajar, aunque tenían poca edad. Las chozas estaban hechas de los rastrojos que dejaban las cebadas y los trigos. Había chozas donde vivían entre siete u ocho hijos y nada más que había dos camas, donde tenían que dormir todos.” (“Andalucia, de Fuente Ovejuna a Marinaleda”, Ramos Espejo A.)
En 1976 fue creado el Sindicato de Obreros del Campo (SOC) como una alternativa a la hora de hacer sindicalismo, basado en la defensa de la nacionalidad andaluza: "Si el marco de actuación es andaluz, es porque creemos que Andalucía es una nación a la que están robando su economía, su cultura, su lengua e incluso han llegado a desvirtuar su historia. Tenemos que ser conscientes de que si no queremos seguir condenados al subdesarrollo, a la dependencia y a la marginación como pueblo, hay que luchar por el derecho de autodeterminación. El día de Andalucía es el 4 de diciembre, aunque participaremos en todos aquellos actos que nos reafirmen como pueblo." (Declaración de principios del SOC-SAT, 2007)
Fue en 1977 cuando este sindicato fue instaurado oficialmente en Marinaleda, ofreciéndose Juan Manuel Sánchez Gordillo como secretario local. El SOC cuenta con alrededor de 20.000 afiliados en el país, pero su peso en Marinaleda es de especial relevancia; con una población de 2.778 habitantes, son 650 los afiliados (23,3 % de los habitantes) mientras que en otros pueblos de Sevilla, como El Coronil, la cifra no llega a 14%. La importancia de este sindicato en Marinaleda se debe a su praxis: la opinión generalizada defiende que sin las luchas llevadas a cabo por este sindicato, el municipio marinaleño no se parecería en lo más mínimo a lo que hoy conocemos.
Junto con su brazo político creado en 1979 para las elecciones municipales, Colectivo Unificado de Trabajadores (CUT), que lleva gobernando en Marinaleda 34 años de la mano de Gordillo,  el SOC ha llevado a cabo dichas luchas, -entendidas como acciones reivindicativas enmarcadas dentro de la ideología del sindicato- que han permitido a los marinaleños gozar de una estabilidad laboral y salarial, además de una mejora de las condiciones de vida. Estas acciones no rehúyen del objetivo de conseguir cierta presencia mediática. Antes de ser llevadas a cabo, poniendo por ejemplo el caso del asalto a Mercadona, hay una previa llamada a los medios de comunicación para que estos las difundan.
Una de las primeras acciones que los marinaleños llevaron a cabo fue una huelga de hambre de 13 días en el agosto de 1980. Esta huelga, a la que se llegaron a sumar 700 personas, fue calificada como una “huelga de hambre contra el hambre” y buscaba una regulación más exacta del ya extinguido Empleo Comunitario. Sánchez Gordillo defendía el propósito de la huelga afirmando que “seguimos en huelga de hambre para que la opinión pública se entere de que mis pueblos los están convirtiendo en unas nuevas reservas indias del siglo XX. Seguimos en huelga de hambre para que Andalucía despierte.” (Cultura jornalera, poder popular y liderazgo mesiánico: Antropología política de Marinaleda, Talego.F)
Fue entonces cuando comenzaron las ocupaciones de fincas pertenecientes a grandes terratenientes. El hecho de que el 2% de la población andaluza poseyera el 50% de las tierras hacía que la consigna “la tierra para quien la trabaja” cobrara aún más importancia. La ocupación del pantano de Cordobilla durante 30 días en 1984 supuso el inicio de un salto cualitativo en el modelo económico de Marinaleda. Amparados en una vieja ley que dictaba que si se ponían nuevas tierras en regadío, parte de ellas podían ser expropiadas a su propietario, la ocupación recogió como fruto el decreto 154/1988, en el cual se  aprobaba la transformación en zona regable del cortijo de El Humoso.
Este cortijo de 1.200 hectáreas situado en Écija fue propiedad del Duque del Infantado hasta 1991, fecha en la que las ocupaciones de los jornaleros durante meses terminaron por surtir efecto. Con la mediación de la Junta de Andalucía, estas tierras fueron cedidas mediante concurso público al pueblo de Marinaleda. Los medios de producción llegaban a las  manos de los trabajadores; el modelo económico inspirado en el socialismo comenzaba a formalizarse.

De producción socialista a democracia participativa

Mientras los informativos abren día tras día con el aumento de la cifra de parados en el Estado español, esa parece no ser una noticia que goce de especial relevancia en Marinaleda, donde pueden presumir de rozar el pleno empleo.
El modelo productivo de este municipio se basa en la cooperativa de segundo grado Marinaleda SCA –llevada a cabo gracias a la expropiación de las tierras de El Humoso- que engloba a su vez a otras siete cooperativas de primer grado. Los inicios de la cooperativa no fueron fáciles, dado que el empezar de cero requirió una inversión de grandes dimensiones para poder construir tanto sistemas de regadío como invernaderos. El trabajo de la tierra es la base de la producción de Marinaleda SCA, con campos de regadío complementados con el olivar e invernaderos en los que se cultivan productos como lechugas y tomates durante todo el año. La cooperativa también cuenta con La Nave, la fábrica de envase del producto del campo. Algunos de estos productos tienen competencia no solo con empresas nacionales sino también internacionales. La intencionalidad principal de El Humoso es dar trabajo a la mayor cantidad de gente posible, llegándose a cultivar productos que necesitan mayor mano de obra que otros aunque la rentabilidad sea mucho menor.
En total, se da empleo a unas 600 personas al mismo tiempo. Los puestos de trabajo son repartidos en unas asambleas llamadas asambleas de parados. En ellas, aquellos que no tienen ningún puesto de trabajo se apuntan y esperan a que haya alguna vacante; la repartición es, por tanto, rotativa. El sueldo, tanto de los trabajadores de la cooperativa, como de la escuela o del Ayuntamiento, es de 47 euros al día, lo que hace una suma de unos 1125 euros al mes. Esto también se le aplica a Juan Manuel Sánchez Gordillo, que cobra el sueldo base de cualquier trabajador y destina el que recibe como diputado por IU a Marinaleda. Hay que destacar que la jornada laboral de los trabajadores del campo es de 6 horas y media mientras que el trabajo en La Nave se alarga a las 8.
Respecto al modelo político de Marinaleda, su alcalde lo tilda de democracia participativa. Son muy frecuentes las asambleas, llevadas a cabo en el local del SOC, en las que se debaten los temas que conciernen al pueblo, al Ayuntamiento y a los presupuestos,  donde los asistentes pueden proponer también nuevos temas. El día y la hora de la asamblea es anunciada por una furgoneta que recorre las calles del pueblo con un megáfono, en lo que podría recordar a una campaña electoral.
Los precios abusivos de los alquileres y las hipotecas no tienen cabida tampoco en Marinaleda.  Para tener acceso a una casa, la persona que la desee debe asistir a la asamblea y apuntarse en lista, teniendo prioridad las parejas con hijos. El terreno donde se construyen estas casas de autoconstrucción es proporcionado por el Ayuntamiento, también es el encargado de contratar a unos albañiles que construirán la casa junto con el futuro propietario. El material, por otro lado, es aportado por la Junta de Andalucía. Los propietarios de las casas deben pagar 15 euros al mes hasta que se llegue a la suma que la Junta ha destinado para el material. Gracias a esta manera de organizar la construcción de vivienda, el abaratamiento respecto al resto de municipios es muy sustancial.
Los padres con hijos, además, cuentan con la posibilidad de llevar a sus hijos a la guardería del pueblo por una cantidad que ronda los 12 euros al mes, donde se incluye también el menú del niño.


Desmontando mentiras

Los datos no son siempre suficiente, y la campaña difamatoria que sufre este municipio andaluz se acrecienta día tras día. El recurso más usado para intentar echar por tierra el idealizado modelo de Marinaleda es la subvención del 75% del presupuesto municipal por parte de las administraciones públicas. Sin embargo, esta teoría que acusa a Marinaleda de recibir más subvenciones que cualquier otro municipio no se sostiene por su propio peso. Según el Índice de Transferencias Corrientes entregado a los ayuntamientos en el año 2011, Marinaleda se encuentra en el puesto 398 del ranking que ordena de mayor a menor el índice de transferencias corrientes en la provincia de Sevilla y en Andalucía, situándose un 6.61% por debajo de la media autonómica.
El alcalde de Marinaleda también tuvo que desmentir el rumor que circulaba acerca de que su sueldo como alcalde rondaba los 70.000€ euros y que el del Jefe de la Policía Municipal se acercaba a los 78.000€ (no habiendo a lo largo y ancho de Marinaleda ningún  tipo de policía ni cuartel de la Guardia Civil).
El pequeño municipio comunista doblega como puede las mentiras del entorno mediático. En cualquier conversación en la que sale a relucir la palabra Marinaleda, unos tuercen la vista con recelo y a otros se les escapa una tímida sonrisa. Y es que hay un pueblo que ha escuchado los versos de Miguel Hernández y se ha preguntado quién plantó los olivos. Hay un pueblo que ha hecho caso a Blas Infante, se ha levantado y ha pedido tierra y libertad.
La noche del 23 de abril de 1473 los vecinos de Fuente Ovejuna gritaban “Mueran los tiranos” y daban muerte al Comendador, Hernán Gómez de Guzmán. Seis siglos después, son los comendadores los que gritan “Fuera los jornaleros”.





sábado, 18 de mayo de 2013

Cortázar sabe de lo que hablo


París es la ciudad del amor. París no es más que la torre Eiffel y el olor a croissants por las mañanas. París es la élie. París es el buen gusto. París termina donde empieza todo lo demás.

No. París es un trozo de tela rojo. París es Horacio Oliveira buscando un azucarillo debajo de la mesa de un restaurante. París es la Maga sin rumbo, la Maga con miles de preguntas y ninguna respuesta. París es Rocamadour llorando en la cuna mientras El club de la Serpiente se reúne y de fondo suena Miles Davis. Un paraguas amarillo roto a las orillas del Sena: eso es París.

París tiene algo de Buenos Aires y Buenos Aires también sabe a París. París es una rayuela constante. Cortázar sabe de lo que hablo. 

miércoles, 15 de mayo de 2013

Lifting histórico


El rostro de aquella anciana estaba surcado por unas arrugas, que, decía, no eran más que las huellas de una vida marcada por la inquidad. Solía enseñarme a leerlas como quien lee en braile.

Una de las líneas que se dibujaban en su cara hablaba de Bolivia y de una revuelta popular que tenía por objetivo algo tan simple y tan digno como poder recoger el agua de la lluvia sin tener que pagar un céntimo a ninguna multinacional. La arruga que se aventuraba hasta la comisura de su boca gritaba contra el negocio del coltán en la República Democrática del Congo.

Otra, que se vislumbraba bajo su ojo izquierdo, se hacía eco de la injusticia vivida en La Moneda, en 1973, y criticaba a todos y cada uno de los dictadores apoyados por el gobierno norteamericano. Una muy pequeña, que se escondia bajo el labio inferior, castigaba al general De Gaulle y olía a mayo francés.

Las exhibía con orgullo y no dudaba en enseñarle a leerlas a cualquier persona que se acercara a conocer sus historias. Era su menester luchar contra el olvido. La única forma de no resignarse ante el "lifting" al que era sometida la Historia a diario.

martes, 14 de mayo de 2013

Ernesto, el hombre que no para de nacer


Hace 85 años, tal día como hoy, la ciudad de Rosario se despertaba distinta. Distinta a como había amanecido el día anterior y a como lo haría cualquier día que no fuera el 14 de mayo de 1928. Puede que fuera el Sol quien le dio la bienvenida. Quizá fue la lluvia la que inundó aquel día primaveral. Fuera como fuere, a Ernesto Guevara debió gustarle la experiencia, porque desde entonces no ha parado de nacer.

Nace todos los días en Argentina, pero también en Cuba. No sólo eso. Ernesto Guevara nace en cada resquicio de lucha que se entreve en cualquier lugar del mundo. Hay gran parte del Comandante en cada gesto de insumisión, en cada rechazo a aceptar las cosas como se nos son dadas, en la negativa a la resignación. Más allá de todas las camisetas, pósters, o cualquier tipo de merchandising que se pueda vender en un gran centro comercial, el Che traspasa y trasciende estas modas y todas las que vendrán.

Inspirando un presente de lucha que augura un futuro en nuestras manos, el símbolo de la Revolución Cubana esta hoy más vivo que nunca, y su máxima “si no hay café para todos, no habrá café para nadie” nos hace replantearnos la consistencia y la legitimidad de un sistema económico que obliga a una parte del mundo a morirse de hambre, y a la otra de obesidad.

Contra todo pronóstico, los responsables de su muerte en Bolivia en 1969 terminaron con su vida pero dieron a luz al mito. Un mito que prevalece por haber llevado a cabo una cosa tan sencilla, pero a la vez tan pura y necesaria como decir lo que se piensa y hacer lo que se dice. Ernesto Guevara estaba movido por un sentimiento, el amor, un amor por una patria sin fronteras compatible con el fusil, como un auténtico revolucionario.

Santa Clara se despertaba para verle. Hoy todos podemos verle reflejado en muchos de los gestos cotidianos de cualquier trabajador o estudiante. Hoy podemos verlo, quizá, en cualquier niño con asma cuyo mayor sueño sea convertirse en médico.


miércoles, 8 de mayo de 2013

El miedo va a cambiar de bando


Cuando la gente deje de sentir lástima al ver un contenedor arder. Cuando las pintadas en las paredes no despierten rechazo entre los estudiantes. Cuando las barricadas comiencen a abrir el camino. Cuando se abandone este pacifismo sumiso que beneficia a muchos, pero no a nosotros. Cuando dejemos de tildar de vagos a los profesores que secundan la huelga. Cuando nos neguemos a aceptar lo inaceptable. Cuando dormir en el suelo de un rectorado pase de ser una locura a convertirse en uno de los más brillantes síntomas de cordura. Cuantos todas las piedras sean lanzadas en la misma dirección y ninguna apunte a un igual. Cuando dejemos de usar el pretexto de la huelga para salir de fiesta. Cuando los cuatro dígitos del precio de nuestra matrícula se conviertan en la verdadera violencia.  Cuando nos demos cuenta de que ninguna mano que no sea la nuestra va a mover un dedo por nosotros.

Puede que entonces algo ocurra. Puede que, finalmente, el miedo cambie de bando. 

jueves, 2 de mayo de 2013

Hay dos mundos


Hay dos mundos. El mundo de #NoALaExpulsiónDeArgi y el mundo de los 260.000 somalíes muertos en dos años. Hay un mundo repleto de personas que piensan y callan. Otro lleno de bocas que hablan sin saber. Entre estos dos mundos, diferencio uno que huele a cacao. El otro, a comida basura. En uno hay gente. En otro hay personas. Uno se estremece con el final de un libro y el otro lo hace con la final del reality show de turno. De todos los mundos posibles, de todos los mundos que podría haber, solo puedo ver dos. En uno hay un pueblo que sale a la calle el 1 de Mayo y en otro me cobran por sonreír. Hay un mundo en el que me regalan dibujos los sábados por la noche, pero también hay otro en el que me regalan facturas que no sé si mis padres podrán pagar. En un mundo que yo conozco los libros están libres de impuestos. En el otro, la libertad de mercado es la impuesta por doquier. Hay un mundo que rima con Fidel y otro que lo hace con cualquier nombre yankee. En uno Chávez mandaba callar. En el otro el Rey no mataba elefantes. En el mundo que yo conozco, las cadenas se rompen solas. Pero en el otro, la jaula es lo suficientemente amplia como para no notar los barrotes. 

martes, 9 de abril de 2013

El hombre que se fue en silencio

Sin palabras. Hoy ha amanecido muy triste y se cumple el mil veces oído “ojos que no ven, corazón que no siente”. Mientras todo el mundo habla de Sara Montiel y Margaret Thatcher, calladito, sin hacer ruido, se iba el más grande. Y es que incluso para morir no quiso llamar la atención, ni tan siquiera salir en la contraportada de ningún periódico. Tenía 96 años de sabiduría y la pose de cualquier abuelo, del abuelo que muchos (entre los que me incluyo) nunca hemos tenido. Aún recuerdo cuando, por estas fechas hace un año, hablaba con un amigo sobre la posibilidad de que José Luis Sampedro se acabase “yendo” (en el sentido más metafórico, ya sabemos que la gente así nunca termina por irse) y me repetía a mi misma: aún le queda mucho por escribir, mucho por pensar. Todavía me persigue esa maldita manía de creer que la gente buena, la gente pura de verdad, no puede marcharse. Que los García Márquez, los Chomsky, los Galeano, son eternos. Que nadie podrá tomar jamás su relevo. Primero ha sido la negación, después la rabia y, acto seguido, las ganas de escribir algo que pudiese honrar al menos su ausencia.

Su voz cortada nos repitió una y mil veces que el capitalismo se agotaba, que aún estamos por no creerle. Juraba y perjuraba que si esto no cambiaba por la vía de la razón, lo haría por la del desastre. Se oponía rotundamente a la opinión popular de calificar como calidad de vida a la cantidad de cosas, y jamás desistió en el intento de concienciar tanto a los jóvenes como a los no tan jóvenes. Ahora queda tanto por hacer, que su muerte solo sería compensada si lográramos poner en práctica todo lo que el algún día dijo. Si hay una frase que define a José Luis Sampedro es la del comandante Ernesto Guevara: “Hay que endurecerse, pero sin perder jamás la ternura”. Eso era él, ternura. Y se ha ido, como se fue Salvatore Roncone, el tan entrañable abuelo de su novela “La Sonrisa etrusca”. Y nosotros, su nieto Bruno, nos quedamos aquí. En este mundo de locos en el que él, durante 96 años, puso la voz de la cordura.