Marinaleda
ha dejado de ser un nombre desconocido para colarse en los hogares de los
españoles a través del televisor, la radio o la prensa escrita. Más allá del
conflicto mediático que envuelve a la figura de Juan Manuel Sánchez Gordillo,
se esconde un municipio cuyo modelo político y económico cumple más de 30 años
y doblega con éxito la crisis del
sistema capitalista.
Las letras verdes del supermercado
Mercadona pueden vislumbrarse desde el principio de la calle. Con su peculiar
dibujo a la izquierda, representando una cesta de la compra repleta de
productos básicos, y su lema a la derecha: “supermercados
de confianza”, esta imagen ha pasado a formar parte ya de la cotidianidad
de cualquier ciudadano residente en nuestro país, consecuencia de los 1.356
establecimientos de la cadena diseminados a lo largo y ancho del Estado
español, con la excepción de País Vasco.
Sin embargo, la mañana del 7 de agosto del
2012, las verdes letras de esta empresa familiar –la segunda más grande en
España según Family Business Magazine-
fueron portada de diversos diarios y abrieron informativos por un motivo muy
distinto a su popularidad o al aumento de sus beneficios. La imagen de Diego
Cañamero -secretario general del Sindicato Andaluz de Trabajadores- entrando en
el Mercadona de Écija acompañado de distintos sindicalistas liderados por Juan
Manuel Sánchez Gordillo -alcalde de Marinaleda- se convirtió en la imagen del
día. Su objetivo no era más que, sin pasar por
caja, salir del supermercado con varios carritos de la compra repletos de
comida que posteriormente sería repartida entre
las tan numerosas familias necesitadas de la ciudad sevillana.
Ante este hecho, los medios de
comunicación se posicionarían de forma dispar, siendo más frecuente la condena
de la acción porque, según defendían los más
conservadores, “un robo es un robo”. Sin embargo, a pesar de las críticas
recibidas, el propósito de los asaltantes
había sido más que alcanzado; esa mañana de agosto el hambre había entrado en
el debate de la opinión hegemónica. No hace falta más que introducir las
palabras Sánchez Gordillo en
cualquier buscador de un medio de comunicación digital para darse cuenta de que
los resultados en 2012 se llegan a cuadruplicar respecto a años anteriores. No
era por tanto el hambre lo único que
entraba en debate. ¿Quién era ese señor de barba que asaltaba un Mercadona y
hablaba de justicia social? ¿Qué era Marinaleda?
En la primavera de este mismo año el director
general de Mercadona, Juan Roig, alentaba, no sin controversia, a “imitar la
cultura del esfuerzo con la que trabajan los chinos”. Ese mismo verano obtenía
la respuesta.
El
salto del conflicto a los medios de comunicación
El asalto al Mercadona terminó por
convertirse en un tema de rigor en cualquier debate televisivo. Comenzaba a
hacerse frecuente el rostro de Sánchez Gordillo en los platós de una y otra
cadena defendiendo la legitimidad de la acción y aprovechando también para
poner en tela de juicio el sistema económico que le había llevado a ejercer de Robin Hood. El
rostro del alcalde de Marinaleda llegó a ser portada del diario dirigido por
Paco Marhuenda, La Razón, con un «No se busca» como titular y la explicación en
el subtítulo del temor de los comerciantes ante la llegada de Gordillo y sus
hombres a sus establecimientos, además de la injusticia que suponía que el
líder comunista se paseara tranquilamente por la calle después de tal atroz delito. Esto fue comparado por el
mismo Sánchez Gordillo con una portada del diario ABC de 1979, en la que su
cara ocupaba gran parte de la misma, y se calificaba de “grotesco” que se
hubiera atrevido a cambiar el nombre de las calles de Marinaleda que hacían
referencia al régimen franquista.
Aquella portada de la transición se
saldó con un intento de asesinato por parte de un militante de Fuerza Nueva
cuando el alcalde marinaleño viajaba en coche con algunos de sus compañeros. Sin
embargo no hace falta ir tan lejos, puesto que días después del asalto al
Mercadona la prensa se hacía eco de la denuncia de Sánchez Gordillo por una
amenaza de muerte recibida telefónicamente al Ayuntamiento. La historia volvía
a repetirse.
No eran solamente los medios de
comunicación españoles quienes dedicaban tiempo y espacio a lo ocurrido aquella
mañana de agosto, sino que la relevancia del hecho a escala internacional fue
bastante notoria. El prestigioso diario de negocios, Financial Times, dedicaba un artículo al alcalde en el que se
recalcaba su intención de renunciar a su condición de aforado y su inexistente miedo
al encarcelamiento. Por su parte, la revista Times relacionaba las acciones del Sindicato Andaluz de
Trabajadores (SAT) con las de los indignados.
El tabloide británico Daily Mail dotaba
de cierta importancia a las declaraciones del portavoz del Partido Popular en
el Congreso de los Diputados, Alfonso Alonso: "No se puede ser Robin Hood
y el 'sheriff' de Nottingham"
No faltaron, sin embargo, intentos de lucro
por parte de empresas multinacionales. La cadena sueca de tiendas de ropa, H&M, aprovechaba el tirón mediático
de lo ocurrido para lanzar una camiseta con el mensaje Food to the people. No World hunger (Comida para la gente. No a un
mundo hambriento) a 20 euros la unidad. Finalmente esta iniciativa fue retirada
para “no herir a nadie”, según afirmó Karin Hagman, director creativo de Weekly.
Sin embargo, tras la mediatización de
este rostro, de su peculiar forma de vestir –palestina incluida- y de su natural forma de expresarse, se
escondía mucho más que un simple intento de paliar las necesidades básicas de
algunos sevillanos a base de carritos de la compra. Las visiones reduccionistas
pudieron quedarse ancladas ahí, pero donde muchos veían el liderazgo de un
hombre, otros podían ver al pueblo sosteniéndole
y caminando junto a él. Un pueblo sin el que la historia de la no tan utópica
Marinaleda comunista no habría sido posible.
Marinaleda,
una utopía hacia la paz
Perteneciente a la comarca Sierra Sur,
en la Cuenca del Genil y con 2.778 habitantes según el censo del año 2011, este
municipio cuenta con la peculiaridad –entre otras- de no presumir de ningún
retrato del rey don Juan Carlos en el despacho del alcalde: es el rostro de
Ernesto Guevara el que verá cualquier persona que necesite una cita con Juan
Manuel Sánchez Gordillo. Las calles de este municipio fueron modificadas cuando
el actual alcalde llegó al poder, en 1979, y hacen honor a políticos y
literatos relacionados con la causa social y obrera, como Miguel Hernández o
Antonio Machado.
En el escudo de Marinaleda se puede ver
reflejada la teoría y la práctica de sus habitantes explicada en la propia web
del Ayuntamiento: por una parte, la ausencia de corona, dada su condición de
republicanos, y por el otro, el simbolismo de los colores. El verde quiere
reflejar la utopía situada cerca de una realidad tangible. El color blanco
central hace referencia a la paz, no vista solo como la ausencia de la
violencia, sino también como la práctica de la justicia. El rojo refleja el
espíritu de lucha de la izquierda revolucionaria. Pero si hay algo digno de
análisis en Marinaleda, más allá de puros aspectos de forma como puede ser un
escudo o el nombre de una calle, es su modelo político y económico.
El punto de inflexión en Marinaleda
fue 1979, fecha de las primeras elecciones democráticas autonómicas.
Anteriormente, la miseria y las penurias vividas por los marinaleños no eran
distintas de las sufridas por cualquier otro andaluz. Según el testimonio de
una niña de 5º de EGB por aquel entonces: No había casas, solo había chozas. El
pueblo era muy pequeño y no tenía jardín, ni plaza. La gente pasaba mucha
hambre debido a los malos años de la sequía. La gente joven no tenía ninguna
diversión, nada más que irse a trabajar a los cortijos y solamente iban
a vestirse a sus casas cada quince días. Las comidas eran muy malas, y lo que
comían por mediodía eran un gazpacho y por la noche un cocido. En el pueblo
solo había una escuela a la que casi nadie podía ir, los jóvenes tenían que quedarse con sus hermanos pequeños para
que sus padres trabajaran. Y otros tenían que trabajar, aunque tenían poca
edad. Las chozas estaban hechas de los rastrojos que dejaban las cebadas
y los trigos. Había chozas donde vivían entre siete u ocho hijos y nada más que
había dos camas, donde tenían que dormir todos.” (“Andalucia, de Fuente Ovejuna a Marinaleda”, Ramos Espejo A.)
En 1976 fue creado el Sindicato de
Obreros del Campo (SOC) como una alternativa a la hora de hacer sindicalismo,
basado en la defensa de la nacionalidad andaluza: "Si el marco de actuación es andaluz, es porque
creemos que Andalucía es una nación a la que están robando su economía, su
cultura, su lengua e incluso han llegado a desvirtuar su historia. Tenemos que
ser conscientes de que si no queremos seguir condenados al subdesarrollo, a la
dependencia y a la marginación como pueblo, hay que luchar por el derecho de
autodeterminación. El día de Andalucía es el 4 de diciembre, aunque
participaremos en todos aquellos actos que nos reafirmen como pueblo." (Declaración de principios del SOC-SAT, 2007)
Fue en
1977 cuando este sindicato fue instaurado oficialmente en Marinaleda,
ofreciéndose Juan Manuel Sánchez Gordillo como secretario local. El SOC cuenta
con alrededor de 20.000 afiliados en el país, pero su peso en Marinaleda es de
especial relevancia; con una población de 2.778 habitantes, son 650 los
afiliados (23,3 % de los habitantes) mientras que en otros pueblos de Sevilla,
como El Coronil, la cifra no llega a 14%. La importancia de este sindicato en
Marinaleda se debe a su praxis: la opinión generalizada defiende que sin las luchas llevadas a cabo por este
sindicato, el municipio marinaleño no se parecería en lo más mínimo a lo
que hoy conocemos.
Junto con su brazo
político creado en 1979 para las elecciones municipales, Colectivo Unificado de
Trabajadores (CUT), que lleva gobernando en Marinaleda 34 años de la mano de
Gordillo, el SOC ha llevado a cabo
dichas luchas, -entendidas como
acciones reivindicativas enmarcadas dentro de la ideología del sindicato- que
han permitido a los marinaleños gozar de una estabilidad laboral y salarial, además
de una mejora de las condiciones de vida. Estas acciones no rehúyen
del objetivo de conseguir cierta presencia mediática. Antes de ser
llevadas a cabo, poniendo por ejemplo el caso del asalto a Mercadona, hay una
previa llamada a los medios de comunicación para que estos las difundan.
Una de las primeras
acciones que los marinaleños llevaron a cabo fue una huelga de hambre de 13 días
en el agosto de 1980. Esta huelga, a la que se llegaron a sumar 700 personas, fue
calificada como una “huelga de hambre contra el hambre” y buscaba una
regulación más exacta del ya extinguido Empleo Comunitario. Sánchez Gordillo
defendía el propósito de la huelga afirmando que “seguimos en huelga de hambre para que la opinión
pública se entere de que mis pueblos los están convirtiendo en unas nuevas
reservas indias del siglo XX. Seguimos en huelga de hambre para que Andalucía
despierte.” (Cultura jornalera, poder
popular y liderazgo mesiánico: Antropología política de Marinaleda, Talego.F)
Fue entonces cuando
comenzaron las ocupaciones de fincas pertenecientes a grandes terratenientes.
El hecho de que el 2% de la población andaluza poseyera el 50% de las tierras hacía
que la consigna “la tierra para quien la
trabaja” cobrara aún más importancia. La ocupación del pantano de
Cordobilla durante 30 días en 1984 supuso el inicio de un salto cualitativo en
el modelo económico de Marinaleda. Amparados en una vieja ley que dictaba que
si se ponían nuevas tierras en regadío, parte de ellas podían ser expropiadas a
su propietario, la ocupación recogió como fruto el decreto 154/1988, en el cual se aprobaba la transformación en zona regable del
cortijo de El Humoso.
Este cortijo de 1.200 hectáreas
situado en Écija fue propiedad del Duque del Infantado hasta 1991, fecha en la
que las ocupaciones de los jornaleros durante meses terminaron por surtir
efecto. Con la mediación de la Junta de Andalucía, estas tierras fueron cedidas
mediante concurso público al pueblo de Marinaleda. Los medios de producción
llegaban a las manos de los
trabajadores; el modelo económico inspirado en el socialismo comenzaba a
formalizarse.
De
producción socialista a democracia participativa
Mientras los informativos abren día tras día con el aumento de la cifra de parados en
el Estado español, esa parece no ser una noticia que goce de especial relevancia en Marinaleda, donde pueden
presumir de rozar el pleno empleo.
El modelo productivo de este municipio
se basa en la cooperativa de segundo grado Marinaleda SCA –llevada a cabo
gracias a la expropiación de las tierras de El Humoso- que engloba a su vez a
otras siete cooperativas de primer grado. Los inicios de la cooperativa no
fueron fáciles, dado que el empezar de cero requirió una inversión de grandes
dimensiones para poder construir tanto sistemas de regadío como invernaderos.
El trabajo de la tierra es la base de la producción de Marinaleda SCA, con
campos de regadío complementados con el olivar e invernaderos en los que se
cultivan productos como lechugas y tomates durante todo el año. La cooperativa
también cuenta con La Nave, la
fábrica de envase del producto del campo. Algunos de estos productos tienen
competencia no solo con empresas nacionales sino también internacionales. La
intencionalidad principal de El Humoso es dar trabajo a la mayor cantidad de
gente posible, llegándose a cultivar productos que necesitan mayor mano de obra
que otros aunque la rentabilidad sea mucho menor.
En total, se da empleo a unas 600
personas al mismo tiempo. Los puestos de trabajo son repartidos en unas
asambleas llamadas asambleas de parados.
En ellas, aquellos que no tienen ningún puesto de trabajo se apuntan y esperan
a que haya alguna vacante; la repartición es, por tanto, rotativa. El sueldo,
tanto de los trabajadores de la cooperativa, como de la escuela o del
Ayuntamiento, es de 47 euros al día, lo que hace una suma de unos 1125 euros al
mes. Esto también se le aplica a Juan Manuel Sánchez Gordillo, que cobra el
sueldo base de cualquier trabajador y destina el que recibe como diputado por
IU a Marinaleda. Hay que destacar que la jornada laboral de los trabajadores
del campo es de 6 horas y media mientras que el trabajo en La Nave se alarga a las 8.
Respecto al modelo político de
Marinaleda, su alcalde lo tilda de democracia
participativa. Son muy frecuentes las asambleas, llevadas a cabo en el
local del SOC, en las que se debaten los temas que conciernen al pueblo, al
Ayuntamiento y a los presupuestos, donde
los asistentes pueden proponer también nuevos temas. El día y la hora de la
asamblea es anunciada por una furgoneta que recorre las calles del pueblo con
un megáfono, en lo que podría recordar a una campaña electoral.
Los precios abusivos de los alquileres
y las hipotecas no tienen cabida tampoco en Marinaleda. Para tener acceso a una casa, la persona que
la desee debe asistir a la asamblea y apuntarse en lista, teniendo prioridad
las parejas con hijos. El terreno donde se construyen estas casas de
autoconstrucción es proporcionado por el Ayuntamiento, también es el encargado
de contratar a unos albañiles que construirán la casa junto con el futuro
propietario. El material, por otro lado, es aportado por la Junta de Andalucía.
Los propietarios de las casas deben pagar 15 euros al mes hasta que se llegue a
la suma que la Junta ha destinado para el material. Gracias a esta manera de
organizar la construcción de vivienda, el abaratamiento respecto al resto de
municipios es muy sustancial.
Los padres con hijos, además, cuentan
con la posibilidad de llevar a sus hijos a la guardería del pueblo por una
cantidad que ronda los 12 euros al mes, donde se incluye también el menú del
niño.
Desmontando
mentiras
Los datos no son siempre suficiente, y
la campaña difamatoria que sufre este municipio andaluz se acrecienta día tras
día. El recurso más usado para intentar echar por tierra el idealizado modelo
de Marinaleda es la subvención del 75% del presupuesto municipal por parte de las
administraciones públicas. Sin embargo, esta teoría que acusa a Marinaleda de
recibir más subvenciones que cualquier otro municipio no se sostiene por su
propio peso. Según el Índice de
Transferencias Corrientes entregado a los ayuntamientos en el año 2011, Marinaleda
se encuentra en el puesto 398 del ranking que ordena de mayor a menor el índice
de transferencias corrientes en la provincia de Sevilla y en Andalucía, situándose un 6.61% por
debajo de la media autonómica.
El alcalde de Marinaleda también tuvo
que desmentir el rumor que circulaba acerca de que su sueldo como alcalde
rondaba los 70.000€ euros y que el del Jefe de la Policía Municipal se acercaba
a los 78.000€ (no habiendo a lo largo y ancho de Marinaleda ningún tipo de policía ni cuartel de la Guardia
Civil).
El pequeño municipio comunista doblega
como puede las mentiras del entorno mediático. En cualquier conversación en la
que sale a relucir la palabra Marinaleda,
unos tuercen la vista con recelo y a otros se les escapa una tímida sonrisa. Y
es que hay un pueblo que ha escuchado los versos de Miguel Hernández y se ha
preguntado quién plantó los olivos. Hay un pueblo que ha hecho caso a Blas
Infante, se ha levantado y ha pedido tierra y libertad.
La noche del 23 de abril de 1473 los
vecinos de Fuente Ovejuna gritaban “Mueran los tiranos” y daban muerte al
Comendador, Hernán Gómez de Guzmán. Seis siglos después, son los comendadores los que gritan “Fuera los
jornaleros”.
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