martes, 5 de marzo de 2013

Hasta siempre, Hugo Chávez.



Lo desconocido asusta. Y hay personas tan desconocidas para nosotros, por desgracia, que nos pueden llegar a aterrar. El otro día encendí la televisión y en el telediario lo llamaban dictador. Dictador. Dictador. Como dijo muy bien el ex ministro de Propaganda de la Alemania Nazi, Goebbels, una mentira repetida mil veces termina por convertirse en verdad. Y así es que el Chávez que nos venían vendiendo hasta ahora nos asustaba, pero el desconocido, el que la prensa nunca nos ha enseñado, aun más. Hoy, que me voy a la cama con la noticia de su muerte, no sé que pensar. No quiero glorificar a nadie, la perfección es el aburrido juego de los dioses, como decía Galeano, y aquí ninguno goza de ella. Siento lástima porque mañana, cuando me despierte, buscaré en los diarios los titulares y no encontraré ninguno que me satisfaga. Ninguno honrará a la verdad. Al menos lo que yo entiendo por verdad.

Leeré que era un dictador, mi madre lo leerá, también los niños. El mundo se divide en buenos y malos, todo tiende a ese estúpido reduccionismo, y él formará parte de estos últimos. Extraño dictador eras, Hugo Chávez. Maldita tu manía de ganar elecciones. El gremio al que, si termino mis estudios, perteneceré algún día, se pasará toda la jornada de mañana maldiciéndote o alegrándose, las dos cosas a la vez quizá. Pero nadie dará voz al pueblo venezolano, esa voz que tú le otorgaste, que le llevabas otorgando desde hace dieciséis años. A nadie le importa eso del gasto social, repugnante dictador que lo aumenta en un 60%, dirán. Te odiarán porque contigo, la pobreza paso del 70%, al 20%. Y los pobres son muy rentables, eso lo sabe de sobra nuestro sistema económico. Nos quieren ignorantes, nos quieren alienados, y por eso no soportan que, gracias a la revolución bolivariana, la UNESCO haya reconocido a Venezuela como país libre de analfabetismo.

Pero yo no vengo aquí a glorificar a nadie. Todos sabemos, comemos escuchando multitud de datos negativos acerca de Venezuela. Los datos objetivos que apoyan la teoría de los locos defensores de Chávez son considerados opinión. Yo hoy soy una de esas locas. Puede que los hombres se mueran, pero sus ideas perdurarán por siempre. Solo pido una cosa: Venezuela para los venezolanos.

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