Cuando la gente deje de sentir lástima
al ver un contenedor arder. Cuando las pintadas en las paredes no despierten rechazo
entre los estudiantes. Cuando las barricadas comiencen a abrir el camino.
Cuando se abandone este pacifismo sumiso que beneficia a muchos, pero no a
nosotros. Cuando dejemos de tildar de vagos a los profesores que secundan la
huelga. Cuando nos neguemos a aceptar lo inaceptable. Cuando dormir en el suelo
de un rectorado pase de ser una locura a convertirse en uno de los más brillantes
síntomas de cordura. Cuantos todas las piedras sean lanzadas en la misma
dirección y ninguna apunte a un igual. Cuando dejemos de usar el pretexto de la
huelga para salir de fiesta. Cuando los cuatro dígitos del precio de nuestra
matrícula se conviertan en la verdadera violencia. Cuando nos demos cuenta de que ninguna mano
que no sea la nuestra va a mover un dedo por nosotros.
Puede que entonces algo ocurra. Puede
que, finalmente, el miedo cambie de bando.
Cuando la indiferencia sea odio van a caer,
ResponderEliminary si quieren volver el sucio les espera.
Resistiré con mi fusil como Allende en La Moneda.
Muy bueno Cristina, un abrazo ;-)